Traviesos desquicios sonoros imitando
el azote inevitable del mar, mar de sollozos
y la pesada huella de un antifaz, sobre mi rostro
y el tentar a la suerte del mañana.
El hombre es un animal sin rumbo,
condenado a desfallecer en la sinfonía
de un atrevimiento prematuro,
todo lleva a ninguna parte…
y no veo más que magulladuras ajenas
y la soledad cruzando un semáforo en rojo,
el sol nace de noche para algunos
y tú estás siempre a su lado, acechando
para colocar, sobre sus cabezas, la ínfula blanca de la mentira.
La levedad es mi mayor sosiego,
evita el sentirme el orate del juicio
diario al que estamos sometidos.
y la flor transparente en la caída de un acantilado
y la desazón perpetua de una sombra múltiple
También riñen los cristales rotos
con el sueño húmedo de mi goce;
jadeando a solas, bajo la lluvia.
Wednesday, February 25, 2009
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