El sosiego de un día perdido no tiene valor, es decir no es cuantificable económicamente, por mucho que los expertos se empeñen en descifrar la importancia de la actividad extraviada sobre las butacas y los sofás de los hogares de este país o de cualquier otro, aunque no esté rodeado de mar.
No me pregunten el porqué de mi razonamiento, creo que no vale la pena, ya que en ocasiones no es necesario justificar los motivos que nos han llevado a decir esto o aquello, siempre y cuando no se trate de frases que pueden ejercer un poder sobrenatural sobre las esencia de las cosas que nos rodean. Si me voy por las ramas, simplemente avísenme o levántense y dejen estas hojas a un lado de la cama o en la mesita que hay al lado del sofá o cierren la ventana de la computadora, pero no se tiren por ella...
Tal vez sino hicieramos nada, nada pasaría.