Aún cuando camino,
me siguen llamando por mi nombre
No es más que un espejismo,
vaho de lágrimas sobre un cristal.
Mi alma transitando por una acera anónima,
Humedecida por la mañana desperezándose.
No hay rimas, ni ritmos,
ni tiempo, sólo frío.
Aún cuando camino,
me persiguen los recuerdos que no he vivido.
Llantos y corazones fermentados
Que, sin querer, huelen a olvido.