Estoy un poco harto de estar sentado en esa silla azul, giratoria y con cinco puntos de apoyo sobre ruedas. Hay dos cosas que no soporto, primero y más importante, creo que no hay derecho a que alguien incapaz de saber qué papel está jugando en el mundo sea el que tome las decisiones sobre la rutina diaria de tantas personas, entre ellas mi yo superviviente (confusa razón, pero comprensible). El segundo motivo es más bien un tema físico, eso de levantarse a las siete de la mañana para ducharme, afeitarme, preparar el café y que brote de forma fulgurante por toda la cocina, desayunar un poco, preparar las cosas que uno debe llevar siempre encima, salir en busca del coche y …. Ah sorpresa, todavía no estoy vestido, desnudo y con un frío que arruga la piel y te hace empequeñecer hasta el punto de desaparecer. Vuelta atrás, nos vestimos (yo y mi otro yo) y cogemos de nuevo las cosas que uno debe llevar siempre encima más la cartera, el mechero, el paquete de tabaco, las llaves del coche, las llaves de casa y unas monedas para tomar otro café cuando llegue a donde tengo que llevar.
Al final no hay alternativa, estoy sentado de nuevo en esa maldita silla azul, deberé asumir que es una situación irremediable … el cielo sigue estando en el exterior. Cielo ...