Thursday, December 01, 2005

Sí, no encontré a Wally

Me dirijo impaciente hacia aquel lugar en el que ya nos habíamos encontrado en una ocasión. Al llegar voy asimilando que ha pasado mucho tiempo, no soy capaz de reconocer el decorado y ni tan sólo estoy seguro de poder recordar tus facciones. Por tu nariz te reconoceré, pienso en un arrebato de lucidez. No, por tus patillas encadenadas y tu jersey que le robaste a Wally (sí, ese que todo el mundo busca dónde está) en un concierto de música alternativa (sí, en esos eventos en que se alterna la buena música con la insoportable conjunción de notas descafeinadas y, por supuesto, desafinadas). Sigo esperando y voy asimilando que existe la posibilidad de tu incomparecencia: demasiados compromisos, ya no pertenezco a ese mundillo de zambomba progresiva y sótanos mal olientes con altavoces (sí, la vida de anacoreta es mucho más reconfortante), simplemente un olvido, tienes que concretar un insulso artículo de prensa (sí, hoy en día a cualquiera lo ponen delante del ordenador y ya se cree capaz de crear opinión), ... Asimilo rápido que mientras uno espera, la capacidad de desarrollo de planteamientos mentales aumenta de forma geométricamente proporcional al tiempo que uno le dedica. Tras un rato de meditar la situación me convenzo que ha sido un error venir hasta aquí y que tengo mil cosas mejores que hacer y que no sé el motivo de esa impaciencia ... es indiferente, te encontraré entre la multitud y no te saludaré...Haré como todos: te señalaré con el dedo y grabaré un sonrisa sarcástica en mis labios