Friday, December 24, 2004

X-mass gastronómico

Hoy me he comido por primera vez a mi gato. Hace días que lo venía meditando y por fin, en un arrebato de valentía, me decidí. La verdad es que tenía un sabor especial, quizás fuera debido a la salsa que cocine cuidadosamente con mucho ajo y perejil. Casi conejo al ajillo pero con un aroma mágico y benevolente, más suave y armonioso para el paladar. Lo más difícil fue el proceso anterior de despellejarlo y cortarle la cola porque no cabía en la fuente que se ajusta al tamaño de mi pequeño horno. No creo conveniente entrar en detalles puesto que esa parte del proceso de preparación me pareció desagradable. Jamás había matado ningún animal más grande que un mosca o un gusano. Una vez horneado y esperado el tiempo imprescindible para que quedase bien dorado y acompañado de un puré de patata y una ensalada, el gato dejó de parecerse a Mucky – su nombre antes de ser horneado – y se convirtió en un manjar digno de un rey. La verdad es que un felino para una sola persona es demasiado, por eso he decidido guardar un poco para la cena o para el almuerzo de mañana. No tengo prisa en terminar lo que posiblemente será mi último buen plato de alimentos antes de adentrarme en la aventura de perderme por los pasadizos que rodean mi habitación...