Empieza a husmear entre las desgracias de los demás y verás que entre todas ellas hay tan sólo unas pocas capaces de provocarte la tristeza necesaria para hacerte llorar. Mira bien entre los desperdicios que van cayendo en este tramo sinfín de la vida y descubrirás que hay demasiados que no poseen ningún valor. Ves ese anillo de diamantes en un recodo perdido de una alcantarilla y no debería importarte. Pero hay piedras que tienen más valor que un hombre (hay hombres que valen menos que una piedra).
Sembrando los cimientos de la ingravidez, me siento tan ligero como una especie de flor transparente que intenta abarcar al mundo entre sus pétalos... la pasión y tantas otras cosas que somos incapaces de soñar. Nos pasamos la vida entera ahuyentando a los fantasmas del pasado e invocando a las sirenas marinas del futuro, ésas que parecen un anillo de diamantes.