Saturday, October 09, 2004

Manifiesto, por si acaso…

El carácter fugaz que –hoy en día- debe asumir cualquier creación, la transitoriedad de una obra o la de su propio autor, no es más que una burda excusa para proteger el desmañado intento con el que se forja el arte como producto material y de consumo, un objeto carente de rebelión. Es triste saber que la libertad de expresar, aunque sea a través de ínfimos gestos, ideas cautivadoras o superficies ajenas a la alienación de formas está condenada a perecer en perseverantes olvidos y que ni siquiera la subversión desesperada es suficiente para avivar la seductora fuente de la expresividad.
Ante tanta imposibilidad parece ser que el camino de la desesperación es el más indicado para rescatar el sentido extinguido de libertad, pero la única respuesta posible a esta vía de exaltación de la belleza es la ternura irónica, el silencio . Es decir, una respuesta insuficiente, aunque sí una fuerza impelente más del inagotable abanico de sentimientos emergentes sobre la frágil realidad contemporánea. Si consideráramos que lo bello no es más que una sublimación de las realidades de la vida , encontraríamos poco que sublimar sobre la actualidad.
El concepto de hombre–creador–artesano parece haberse dispersado en este mundo expuesto a una marabunta de infructuosa información, que ha permitido la disgregación del presente en una multitud de segmentos– ínfimos reinos de taifas– inconexos. Y con esta desaparición, el nexo entre el hombre y su tiempo, se ha esfumado también.
El compromiso del creador con y para su tiempo debe consistir en abstraerse para abastecer a la realidad de sueños y belleza a fin de despertar la vida que en ella– la realidad- está pereciendo. No nos referimos una revolución contra las férreas estructuras con las que convivimos, eso sería una utopía, embelesadora, pero una utopía que hoy ya no puede subsistir pues cohabitamos en una sociedad obligada a desarrollarse tan sólo en la realidad de lo material y lo concreto, de lo alcanzable dentro de los rígidos muros que ella misma ha forjado. Lo más terrible de esta situación - que tergiversa el verdadero sentido de la vida, si es que eso existe- es que sumerge al hombre actual en una telaraña laberíntica de la que es prácticamente imposible escapar.
¿Y para qué tantas palabras para decir tan poco?, se preguntarán. Toda reflexión incita a otra reflexión, tal vez banal tal vez más profunda. Nosotros de momento nos vamos a beber otra copa de vino a su salud.

A di-vagación d-nzinc

Cita final:
“Todos aquellos que hoy luchan por la libertad
vienen a combatir en última instancia por la belleza…”
Albert Camus